El asalto al capitolio… ¿El asalto a la democracia?

 

Inauguramos el año 2021 con un trabajo dedicado quizás al hecho más importante y contundente hasta ahora. Uno que de algún modo rompe con el límite de la decencia y pone en jaque una de las democracias más grandes del mundo. Estoy hablando de los incidentes ocurridos el 6 de enero en el Capitolio de los Estados Unidos en Washington por parte de seguidores del ex presidente Donald Trump.

Aclarando un poco el asunto y proporcionando un contexto en pocas palabras, todo inicio cuando dicho día en una de las sesiones correspondientes del congreso junto con el Colegio Electoral de los Estados Unidos para certificar y legitimar la victoria de Joe Biden en las últimas elecciones, miles de fanáticos de Trump – Y del partido republicano – interrumpieron el nuevo y último conteo y vandalizaron el mítico edificio.

Todo terminó con decenas de heridos y algunos fallecidos, sin duda la más trágica de las perdidas, pero por otro lado dejando de lado el valor humano en sí mismo por un segundo, sin duda alguna el gran perdedor de este hecho fue el país en sí mismo, quien ante los ojos de todo el mundo dejo en ridículo ni más ni menos que su política.

Pocos días después entre otras consecuencias menores más a su vez hilarantes, el mismo Trump vio a su cuenta de Twitter suspendida ya que se consideró que su declaración vía dicha plataforma de nunca aceptar la derrota ante Biden – Más otros sugestivos mensajes – incitó a la violencia. Y que de cara a futuro no valía la pena seguir arriesgándose a darle una voz al ex presidente vía redes sociales.

A partir de allí, debo aclarar algo importante. Este trabajo no busca hacer una crítica hacia el país más poderoso del mundo ni mostrar apoyo político hacia partidos y candidatos que ni siquiera forman parte de mis intereses. Claramente aquí en Argentina tenemos nuestros propios problemas y nuestras propias soluciones a dichos problemas, y como tal entiendo que los asuntos de “América” no son del todo de mi incumbencia.

Aun así, en mi calidad de periodista me parece menester utilizar mis palabras para dar una opinión respecto a lo que sucedió, y es que por como yo lo veo, estas catástrofes hacen que poco a poco la democracia continúe debilitándose como el sistema por excelencia de organización del Estado a nivel mundial.

Este es realmente un debate muy interesante, miles de personalidades mucho más capaces que yo para hablar sobre este asunto vienen debatiendo desde hace años sobre las falacias de esta forma de elección de representantes y que realmente era cuestión de tiempo antes de que una figura sumamente controversial como Donald Trump aparezca y se gane el fanatismo de millones de personas. Y aquí, aclaro que con fanatismo me refiero al sentido literal de la palabra en sí misma, donde se entiende a un fanático como alguien que defiende una creencia o una opinión con pasión exagerada y sin respetar las creencias y opiniones de los demás.

Todo este castillo de naipes llevó a que en las elecciones pasadas ocurrieran según una de las partes varias incongruencias a la hora del conteo de votos, lo que básicamente generó una idea conocida y familiar – sobre todo por los sudamericanos – que es la existencia de un hipotético fraude. El resto es en pocas palabras historia conocida, un traspaso de mandato extremadamente turbulento y un futuro repleto de incertidumbre.

Llegado a este punto compartiré mis pensamientos, y es que si bien como ya comenté antes tal vez no tenga tanto derecho a opinar respecto a los asuntos políticos de otros países, sí creo que puedo hacer una pequeña comparación sobre lo ocurrido en EEUU y lo que he vivido en mi propia nación para a partir de allí sacar mis conclusiones… Y estas son le pese a quien le pese, que realmente me cuesta mucho no notar ciertas similitudes entre los gobernantes argentinos y los americanos, por no decir nombres.

Específicamente noto un deseo de poder descomunal, sin límites, capaz de cegar a los involucrados en cuestión y hacerles creer que el mundo debe girar alrededor de ellos. Y francamente para aclarar mis palabras y no generar confusión, creo rotundamente que la democracia es capaz de generar eso en las personas, el de hacerles creer a los elegidos por el pueblo mediante su voto que al contar con apoyo popular son magnánimos, y que nada ni nadie pude ni debe sacarlos del poder.

Esta historia se ha repetido miles de veces. En mi amor por las frases hechas, una que explica mis pensamientos perfectamente es quizás la más popular de Simón Bolívar: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”.

Y ese es precisamente mi punto. Tal vez de cara a futuro debamos replantarnos como organizarnos como sociedad, la democracia al final del día es eso, un sistema de organización, extremamente vital para el correcto funcionamiento de un país pero peligroso si no se sabe utilizarlo o defenderlo como corresponde.

Volviendo al asalto al capitolio de EEUU, va a ser curioso como el país más influyente del mundo en varios aspectos, cultural, económico y también político, se adapta ante estos hechos, ya que estoy seguro que Trump y los republicanos aún tienen mucho por decir, silenciar una cuenta de Twitter no va a parar a nadie.

Finalmente, un último mensaje. Y es que si precisamente el país más poderoso decide algún día cambiar sus bases políticas y optar por otros sistemas fuera de la democracia, sin duda alguna el resto mundo va a hacer lo mismo y mirar otras opciones como válidas. Solo vasta que el más preponderante de un paso adelante para que los dependientes lo sigan.

Tal vez un mundo donde el voto ya no exista no sea tan imposible. No este diciendo que un cambio así sea necesario, pero si al menos puedo compartir que nada nunca debería ser inquebrantable o inamovible, ya sean hipotéticos lideres o la democracia en sí misma. El objetivo al final del día es siempre el mismo el bienestar de la sociedad por sobre todo lo demás… Como se logra esto es un eterno dilema, y claro está dependerá de la opinión de cada uno.

 

Mariano Huguet

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