La encrucijada más grande de los últimos tiempos

 

Ya estamos en el mes de junio, y es justo decir que la vida de muchas, muchas personas alrededor del mundo, ha cambiado radicalmente. Escuchar expresiones como “Nueva realidad”, logran de alguna forma hacernos reflexionar sobre las duras enseñanzas que la pandemia nos está dejando, y como ya explique en trabajos anteriores es menester creer que este duro momento, puede llegar a transformarnos en mejores individuos una vez sea superado.

Pero cuidado, el grupo de integrantes cuya vida se vio o se está viendo truncada en menor o mayor medida, no incluye solo a aquellos que ha padecido la perdida de alguien cercano – Sin duda la más grande de las consecuencias – sino también, todo aquel que ha visto lentamente, día tras día, semana tras semana y mes tras mes, como sus planes debían posponerse o simplemente cancelarse, debido obviamente, a la clara limitación humana que significa el aislamiento social obligatorio, y con “humana”, me refiero a la impotencia que implica para nuestra especie, saber que debemos salir al mundo a cumplir con nuestros objetivos pero verse atados a nuestro hogar, debido a la constante amenaza que implica este enemigo invisible.

Llegados a este punto en la cuarentena, no solo en mi país sino en todo el mundo, ha surgido un no tan pequeño grupo, que como es costumbre en la historia de la humanidad, se ha mostrado en contra de las distintas políticas y medidas impuestas por sus gobernantes, y han decidido tomar riendas en el asunto y marchar en búsqueda de su libertad – Una vez más, curiosamente, como es costumbre en la historia de la humanidad – .

En los últimos días, he debatido bastante sobre el porqué estos grupos nacen, o mejor dicho, de donde nacen, cual es el motivo por el cual se muestran tan en contra del “poder”, y si de verdad ignoran una realidad que está a la vista de todos. Como podrán darse cuenta por mis palabras, este trabajo podría llegar a considerarse como un “ataque” hacia este sector de la sociedad que busca terminar con la cuarentena, por eso pido que cualquiera que haya llegado hasta aquí y este a favor de esa lucha, por favor, lea con precaución, cada cual es libre de expresar su opinión, y yo elijo este humilde medio para hacerlo.

Dicho sea eso, también es importante que aclare algo más. Yo no busco por aquí teclear y soltar palabras con el fin de atraer a todo aquel que piensa que los “Anticuarentena” son lunáticos egoístas, en lo absoluto. Claramente mantengo una postura distinta a la de ellos, y sería muy fácil compartir porque estoy su contra, pero en mi rol de periodista, considero que debiera hacer algo más. Por eso, al pensarlo bien, me di cuenta de algo tanto triste como curioso, y es que tal vez, este enorme desafío que significa el 2020, sea la más grande encrucijada de los últimos tiempos.

Esta conclusión, nació a partir de entender cuál es el principal motivo sobre porque aquellos que buscan salir del encierro, reclaman y marchan. Y es que a falta de otra palabra, la razón fundamental es muy obvia, la económica. A partir de allí, todo el mundo sabe bien que la acumulación de muchas personas en un mismo lugar sin distanciamiento, es totalmente contraproducente… Pero a decir verdad, por mucha rabia que genere ver escenas o imágenes como esas, es muy difícil no entender de donde vienen. Como explique al principio del trabajo, muchas familias han sufrido grandes consecuencias financieras, y como el virus no parece dar tregua aun después de tanto tiempo, la desesperación se ha apoderado de todos ellos.

Por eso, y poniéndome por un segundo en la piel de un político, se me ha ocurrido la siguiente pregunta en base a la siguiente afirmación… Si salir a la calle significa enfermarse o contagiar a un tercero, y no salir a la calle significa perder quizás todo aquello referente a tus propiedades materiales, entonces…

 

¿Cómo es posible salir adelante de este momento si uno de los dos capitales más importantes para el hombre debe ser sacrificado?…

 

No quiero que me malinterpreten, entiendo que creencia de que la salud, es mucho, pero mucho más importante que todo el dinero que puedas tener, es correcta y compartida por casi todo el mundo. Pero también es cierto, que llegados a este punto en la pandemia esa afirmación comienza a volverse cada más débil, y la otra parte del susodicho mundo, está preguntándose cada vez con más fuerza si en verdad vale la pena perder todo lo que se ha trabajado durante tanto tiempo por un “simple” virus.

Un vez más, voy a dejar en claro que no poseo los conocimientos o la inteligencia suficiente como para responder a esa pregunta. Lo más lógico, sería lo que precisamente ya se está haciendo, es decir buscar un balance entre ambos capitales y permitir que algunos sectores de la sociedad, tengan la libertad y autorización para poder trabajar con los correspondientes cuidados sanitarios.

Claro está, decir es mucho más fácil que hacer, sin mencionar que sin importar cuantos permisos se consigan, hasta que la cuarentena se levante y el volumen de la sociedad que transita por las calles con el fin de consumir o trabajar vuelva a ser el mismo, es muy difícil poder decir con exactitud la magnitud del daño económico que generó el coronavirus.

Con todo esto que estoy diciendo, no estoy excusando la irresponsabilidad de aquellos que coinciden con los “Anticuarentena”, pero si al menos, jugando un poco a ser el abogado del diablo, debo decir que entiendo de donde nacen tantos reclamos. Francamente, sea cual sea el motivo, económico, psicológico, social etc, está claro que después de tanto tiempo asilados, el limite termina siendo sobrepasado. Cuando eso sucede, la desesperación como ya mencione, empieza a surgir, y comenzamos a buscar algunos argumentos que de algún modo apoyen nuestra forma de ver las cosas, dejando bajo la alfombra todas aquellas pruebas o demostraciones de que en realidad, estamos equivocados.

A partir de allí, y para ya ir finalizando, creo que sería bueno recordarle a todo el mundo que al final del día, todos queremos lo mismo. Ya explique por este medio, que no creo en teorías conspirativas, y salvo excepciones muy especiales, confió en que todos queremos lo mismo… Poder recuperar nuestras vidas. El camino está siendo cada vez más difícil, y lo peor, es que no parece que estemos muy cerca que digamos de la luz al final del túnel. Bajo este contexto es lógico que muchos ya no sepan que hacer, salvo mostrarse en contra de aquellos que imponen las reglas, algo típico en nuestra sociedad.

Sea como sea, espero que las consecuencias generadas a partir de esta lucha ente aquellos que aún pueden respetar el aislamiento y quienes no, termine con el menor número de secuelas posibles. Al fin y al cabo, creo que el Covid-19 ya es un enemigo lo suficientemente respetable, como para que el ser humano se divida y le facilite aún más las cosas.

 

Mariano Huguet

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