La falta de un verdadero líder, el origen de los problemas

 

Según el diccionario, el término “líder” hace referencia a una persona que encabeza y dirige un grupo o movimiento social, político, religioso, etc. Esa es la definición concreta más aceptada, pero en el colectivo social, más allá de los diccionarios o las reales academias los líderes son aquellos que dirigen principalmente desde el ejemplo o al menos desde un mismo pensamiento ideológico respecto a una temática en particular.

Ya sea hombre o mujer, no son solo personas que representan a otro grupo de hombres y mujeres, sino que también se caracterizan por ser individuos que poseen atributos socialmente respetados o admirados. La lista de dichos atributos es larga, pero al final del día todos coincidimos en que un buen líder debe cuanto menos representar algunos de los siguientes rasgos; valor, trabajo duro, inteligencia, carisma, respeto, etc.

En el trabajo de hoy, el cual volverá a tratarse de una nueva crítica hacia las tiempos contemporáneos nacionales, me gustaría hacer mención a que a opinión personal – Como en cada uno de mis trabajos – ha habido una muy clara falta de hombres y/o mujeres que a base de los valores y rasgos antes mencionados, puedan guiar a parte de la sociedad… Es decir, considero ni más ni menos que en Argentina existe desde hace mucho tiempo una notable ausencia de líderes… O al menos de líderes verdaderos.

Es menester que aclare y complemente lo que acabo de compartir. Si bien como ya establecí y creo que muchos estarán de acuerdo, un líder debe contar con atributos socialmente añorados, pero desde mi punto de vista existe una “insignia” o “emblema” que no puede faltar, una que sobresale de valores algo más comunes o poco raros como la inteligencia o el carisma, y ese es en pocas palabras la clara y firme facultad de saber manejar grupos lo más unidos posible y a tratar a cada uno de sus integrantes por igual.

Tal vez los más perspicaces ya sepan hacia donde estoy dirigiendo mis palabras, y es que francamente es inevitable poder hacer referencia a esta temática de los grupos y la unión sin recordar cuando menos al pasar a uno de los problemas más graves que poseemos como sociedad, la grieta política, y si bien ya muchos deben estar algo cansados de esta cuestión, me gustaría cuando menos ofrecerles un punto de vista distinto mediante mis palabras.

Como ya casi todos saben, el país se divide políticamente hablando entre aquellos que apoyan al oficialismo y aquellos que no. Ambos bandos cuentan con representantes de todo tipo, algunos ligados a la ya mencionada política y otros no, pero al final del día son muchos estén de lado que estén quienes poseen una opinión cuanto menos respetada por una aceptable base de personas.

Lamentablemente, el problema surge cuando dicha opinión no solo muchas veces busca directamente o indirectamente ampliar dicha grieta insultando y mancillando al grupo contrario, sino que también genera que los testigos de estos conflictos, por lo general ignorantes en múltiples cuestiones  – Me incluyo – se dividan aún más con aquellos que simplemente opinan distinto, el más noble y leve de los “pecados”.

No voy aquí y ahora a dar mi opinión respecto a cuál ideología apoyo más y porque o algo así. Básicamente en lo personal, considero que nada es ni tan blanco ni tan negro y que el actual partido presidencial de la nación y la oposición tienen mucho por trabajar respecto a múltiples cuestiones y problemáticas sociales.

No es ese el punto ahora mismo, lo que busco básicamente es precisamente hacer una crítica clara respecto a lo siguiente, y es que si al final del día los representantes de ambos partidos buscan constantemente tirarle piedras al tejado del otro, entonces desde mi punto de vista ninguno de esos representantes es un verdadero líder, ergo no merecen ser seguidos ni apoyados.

Quizás esté siendo un poco drástico, pero confió plenamente en la creencia de que si las grietas sociales – Porque la política es solo una de ellas – no se cierran, ya no solo a Argentina sino a cualquier sociedad del mundo le costará mucho salir adelante.

En nuestro caso, la falta de verdaderos líderes es una muestra clara de porque el problema persiste y año tras año con mayor fuerza. Argentina ni nadie necesita a representantes políticos o de cualquier campo que busquen constantemente dividir las aguas, ningunear reclamos de aquellos que tienen una opinión, y apoyar implícitamente con sus medidas el bienestar de algunos a coste del de otros.

Como ya mencione antes, un atributo fundamental de un líder por muy difícil que resulte, es saber manejar grupos de forma armoniosa y unida, y tratar a cada uno de sus integrantes por igual. Y cada vez que lo pienso, cada vez que lo busco, y cada vez que lo analizo y razono, no encuentro a nadie así entre los “lideres” – Nótese las comillas – que tenemos en nuestra nación.

Argentina es un país sudamericano con múltiples recursos, pero más allá de eso es una nación con casi 45 millones de habitantes, es decir, un grupo de 45 millones de personas. Por mucho que se esté en desacuerdo con las ideologías opuestas, liderazgo de verdad implica saber manejar a todos y todas por igual, ya que más allá de lo optimista y utópico de dicho pensamiento siempre es mejor apostar por la integración antes que excluir.

Para que algo así ocurra se necesitan muchas cosas; Trabajo, educación, salud, respeto muto, etc. Pero más allá de todo, se necesita para empezar alguien capaz de saber representar a los demás y de guiar por el camino que más nos beneficie a todos… Se necesita por sobre todas las cosas, un verdadero líder.

 

Mariano Huguet

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