Ni para un funeral podemos estar unidos

 

El 25 de noviembre del año 2020 quedará en la historia de la Argentina y del fútbol ya que una de las más grandes leyendas de dicho deporte falleció a los 60 años dejando atrás un extraordinario e increíble legado. Francamente, es muy difícil para mí poder expresar en palabras el peso que Diego Maradona tuvo específicamente en la Argentina, llegando a ser no solo un ídolo sino también algo aún más difícil, un representante cultural, una bandera, un líder simbólico.

A partir de su muerte y como era lógico, todo el país se detuvo para realizar el duelo correspondiente y en pocas horas se tomó la decisión de que el funeral de la leyenda debía realizarse en casa rosada, es decir la casa de gobierno.

Aquí hay que hacer un punto y aparte, porque si bien muchos consideran en base a los posteriores incidentes que lo mejor hubiese sido despedir a Diego en un estadio, yo considero que el lugar donde al final se realizó su velorio era también una muy buena opción. Es cierto que una cancha hubiese tenido un significado más simbólico y una obvia capacidad mayor, pero francamente creo que la casa rosada debido al peso histórico que tiene dicho lugar en la Argentina era una mejor opción.

De allí a que ocurrieran ciertas irregularidades era otra historia ya que lamentablemente sucedió lo que algunos temían en la previa, es decir el descontrol generado a partir de la mala organización y el estado emocional de miles de personas a flor de piel.

Aquí y ahora realmente sería muy fácil hacer una crítica respecto a dichos incidentes, en donde decenas de personas – Entre ellos barras bravas – Entraron a casa de gobierno, al patio de las palmeras, y provocaron daños, sin mencionar el allanamiento en sí mismo que significaba traspasar esos lugares sin permiso y sin control alguno.

No estoy escribiendo esto para recalcar el mal que gente así genera y como unos pocos hacen quedar mal a la mayoría. Tampoco voy a hacer hincapié de la ya conocida incapacidad policiaca a la hora de controlar dichas intemperancias, o hasta inclusive hablar sobre quien a mi parecer tuvo la culpa de lo que sucedió, de si el gobierno o la ciudad de Buenos aires, dejando implícitamente con dicho conflicto la amarga sensación de que la figura en cuestión a la cual se le estaba rindiendo homenaje pasaba a un segundo plano en importancia.

Él no se merecía una despedida tan desprolija, pero eso da para otro momento, otro trabajo. Ahora, me gustaría más bien enfocarme en como una cansina problemática volvió a ser el eje del asunto, una que cada vez es más grande… La grieta, la maldita grieta.

Yo ya he escrito varias veces en este sitio sobre la horrorosa división política que existe en la Argentina desde hace décadas, y de cómo al igual que múltiples otras divisiones sociales es uno de los más grandes males de nuestra sociedad.

Pero a pesar de eso, siento que en esta oportunidad debido al fallecimiento de Maradona, se pudo ver un nivel de mediocridad aun mayor de parte de nuestros representantes políticos sea del bando que sea, y es que al final del día, han demostrado no poder estar unidos ni para un funeral.

Siendo justos, que la división sea alimentada por múltiples partes – Es decir no solo los políticos – eso ya es el pan de cada día, todos tenemos nuestras opiniones y conclusiones ante determinados temas, y como país ya desde un punto de vista más simbólico, siento que es muy difícil lograr ver a un compatriota como un aliado si al instante de verlo sujetamos con fuerza una enorme lista de prejuicios a su persona.

Pero, he aquí un punto muy importante, y es que si bien la vida misma y sus múltiples desafíos muchas veces nos dividen, precisamente figuras como la de Maradona y el fútbol en general existen para unirnos y para hacernos recordar al menos por unas horas la belleza y la importancia de sentirse en un lugar donde todos comparten una misma pasión.

Pero lamentablemente no logramos ni eso, ni cuando se está despidiendo a un ídolo popular – De los cuales Argentina cada vez tiene menos y tanta falta le hacen – aquellos que nos gobiernan pueden ponerse de acuerdo, y en el mismo proceso, las millones de personas que eligen de forma acérrima un bando político, se ponen a discutir y a luchar entre ellas al ver como sus representantes hacen lo mismo. La historia de siempre.

Como dije antes Maradona no se merecía un funeral así, uno en donde su despedida  pasara a ser secundaria ante las problemáticas ocasionadas, pero fuera de eso, la imagen más triste que en lo personal me queda es que en una nación totalmente dividida en dos como bien dejo en claro en sus palabras el padre de Solange Musse, donde tu trato puede variar enormemente dependiendo de quién seas y sin importar las circunstancias, es muy importante que al menos en una de dichas partes se pueda encontrar algo de paz y fraternidad.

El velorio del 10 debía traer eso, un muy necesario hombro para llorar ante el duro momento que se estaba viviendo, un golpe más en este fatídico año, pero tristemente una vez más el egoísmo y otras claras intenciones nos volvieron a dejar en evidencia de nuestra eterna decadencia.

Hasta donde sé en base a la experiencia, los funerales son momentos de pesadumbre pero también reflexión, y creo según lo que he visto estos últimos días a ya más de una semana de la muerte de Diego, que la primera tal vez la tengamos, pero que la segunda ya se está haciendo cada vez más necesaria.

 

Mariano Huguet

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