Porque aún es muy importante celebrar y reconocer el éxito de la mujer

 

Digan lo que digan aquellos cuya ansiedad e inocente ignorancia a veces permiten que sus argumentos o puntos de vista carezcan de sentido, la humanidad con todas sus imperfecciones, debe ser considerada como una máquina de progresar. Desde tiempos antiguos, hasta el principio mismo en que los hombres han interactuado unos con los otros, motivos para darle de comer a la discrepancia o envidia han sobrado. Pero, no obstante, motivos para creer que podemos ser cada día mejores, también.

Esto, es pasto de debate constante por múltiples filósofos o sociólogos, ya que parte de los que ejercen esas hermosas profesiones, considera que el hombre es, a falta de otro adjetivo, “malo” por naturaleza. Es decir, desde el momento justo en que es capaz de hilar pensamientos y archivar recuerdos, su meta en su existencia abarca poco más que ser superior a los demás, y a veces cueste lo que cueste.

Hasta allí con la introducción, porque ya todos saben a estas alturas, porque está compuesta la historia negra del ser humano. Sería muy fácil para mí empezar a nombrar errores, pero como dije anteriormente, considero que, contrario a lo que muchos opinan (Y agrego que aún si un punto de vista no está correctamente fundamentado, siempre es respetable) creo firmemente que a la par de los errores, han habido también múltiples aciertos.

El hecho de que aún, después de tantos milenios, tengamos que seguir aprendiendo sobre un tema tan extremadamente simple como el respeto mismo hacia la vida ajena, no significa que durante toda nuestra historia, no nos hayamos “permitido” evolucionar, y más importante aún, ser capaces de defender nuestros ideales sin pisotear los gustos, derechos, deseos y puntos de vista del otro.

Teniendo en cuenta todo esto, es importante para mí aclarar algo. Primero, comentar de dónde nace este escrito, y segundo, que deseo buscar en él. Considero que, con el fin de defender nuestro progreso, es muy importante para cualquier persona, ser reconocido o reconocida. Cuanto merito podemos dar en base a una tarea bien hecha, dependerá de cada uno, pero el admitir cuando otro ha hecho un buen trabajo, es necesario e incluso sano. Y allí es precisamente, donde quiero poner el eje del asunto.

Así, entrando finalmente en la cuestión plateada en el título de este texto, me veo obligado a compartir una molesta sensación que ha estado conmigo desde hace un tiempo. Y es que siento que lamentablemente, las personas se están cansando un poco en reconocer a los demás, y específicamente, a las mujeres.

Podría enfocarme en múltiples, decenas de sectores de la sociedad que considero fueron, están y seguramente seguirán siendo marginados por mucho tiempo. Pero en esta ocasión decidí enfocarme en el mal llamado (Aunque confieso que hace rato no es escucho esta expresión) “sexo débil”.

A veces pienso que mi género no me permite entender en su totalidad, la postura que las mujeres comparten respecto a ciertos problemas que constantemente la sociedad ignora y que ellas sufren. Pero aun así, vale la pena el esfuerzo y la empatía ponerme en su lugar.

Violencia de género, acoso, menospreciación para ciertas tareas laborales, son solo la punta del iceberg, son aquellas temáticas que los medios han venido trabajando desde hace un tiempo pero que se quedan cortos ante la enorme lista de sus problemáticas diarias.

Aun así, quiero dejar en claro algo, durante las últimas décadas (¿o siglos?) su lucha ha sido escuchada en todo el mundo, y muchos hombres han decidido apoyarlas en sus reclamos, ya sea porque los consideran justos, o porque simplemente reconocen que alzar la voz ante lo que el otro puede considerar como una injusticia, es algo digno de respeto siempre y cuando la paz y el orden estén presentes.

Caminando por las calles, me he encontrado con muchísimas de sus manifestaciones, ya sea todas bajo una misma bandera, en “Ni una menos” o en el largo y polémico debate sobre el aborto, con los “Sera ley” por un lado, y los “Pro vida” en el otro. El común denominador son ellas, y las nuevas generaciones están empezando a mostrar sus dientes desde temprano. Solo espero que la violencia nunca sea la respuesta.

Aun así, es menester agregar que como dije anteriormente, el reconocimiento ante estas luchas no esta siendo suficiente. En parte entiendo de donde nace esa apatía, un motivo puede ser que al final del día, mujeres o cualquier otro sector marginado, cuenta con esos seres “excepcionales” que consideran que los derechos de uno terminan cuando comienzan los derechos del otro, y hace quedar mal a la mayoría. Otro, es el típico y odioso acostumbramiento humano, en donde llegado un punto y tocando esta temática, toda marcha o reclamo ajeno puede llegar a resultar cansino o molesto para un testigo indiferente.

Pero sean cuales sean las razones, ninguna importa demasiado realmente. Aun si el progreso es mucho, poco, nulo o considerable, si estamos hablando de un grupo enorme (La mitad del mundo) de la sociedad que sigue y sigue remando por su bienestar, siempre es justo, necesario e importante reconocer sus logros y éxito.

Que nunca sea suficiente, porque el día en que dejemos de reconocer al otro por un logro, es el día en que vamos a volvernos indiferentes. Y en un mundo en donde muchos consideran que el hombre es “malvado” desde cuna, la inactividad de los «buenos» significa ser testigo o cómplice de todas las hipotéticas consecuencias.

 

Mariano Huguet

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